22 jul. 2010

Tema 10. Maternidad divina de María

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Tema 10. Maternidad divina de María

¿DE DONDE PROCEDE LA GRANDEZA DE MARÍA?



Toda su grandeza, todos los privilegios, y todas las funciones de María proceden de su maternidad, divina, es la verdadera Madre de Jesús hijo único de Dios Todo o esta maternalmente relacionado con Cristo.

La expresión Madre de Dios., fue explicada por la iglesia en el Concilio- Éfeso que la definió como verdad de fe: la Virgen María concibió y engendró humanamente a un hijo, cuya persona es divina, el Verbo de Dios. María es madre humana de un hijo que además de ser hombre es Dios.

Es muy importante comprender correctamente la maternidad de María pues esto nos lleva a comprender correctamente el misterio de Jesucristo. En épocas pasadas, hubo personas como Nestorio que negó a María el título de Madre de Dios pues negaba la divinidad de Cristo Jesús. 


LA FUNCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO EN LA MATERNIDAD DIVINA DE MARÍA 

El Espíritu Santo fue el agente divino de la encarnación de Jesús, “se encarno por obra del Espíritu Santo” y por consiguiente, de la maternidad divina de María. En la Anunciación, según piensan algunos teólogos, el Espíritu asumió la persona de María e hizo su instrumento materno, su imagen viva aquí en la Tierra, al lado de Jesús.

Su maternidad no fue un simple proceso biológico; conciencia, voluntad y amor acompañaron esa maternidad como en todas las generaciones humanas. Más aún por su fe y su caridad en la Anunciación, Ella concibió a Jesucristo, conjuntamente, en su cuerpo y en su corazón. O como decían los Santos Padres: "María concibió al Verbo de Dios en su espíritu, antes de concebirlo en su cuerpo".

María fue predestinada para ser la Madre de Jesús. Así como una Mujer (Eva) contribuyó a la muerte, por el pecado así María, contribuye a la vida mediante su Sí de entrega al Padre. 


¿DE QUÉ MANERA EDUCÓ MARÍA A JESÚS? 

Como mamá Ella se dedicó total y exclusivamente a la educación de Jesús, desempeñó esta tarea con sencillez y desprendimiento, con eficacia y con mucho amor, siempre preocupada por ayudarlo a madurar como persona.

En Lc 2, 40 leemos:

El niño iba creciendo y se fortalecía, lleno de sabiduría y la gracia de Dios estaba con Él. 
En la intimidad de Nazaret hubo una constante formación del corazón de Jesús en una atmósfera llena, de ternura del corazón maternal de María. Todo en ese hogar era para el Niño, un signo del Padre Celestial. María influyó decididamente en la tendencia profunda de Jesús por la oración y por la búsqueda de la voluntad divina del Padre, aun en los mínimos detalles de su vida y, en la misma expresión de sus emociones, evidencia moderación y discreción dignas de nota. Firmeza de carácter, coraje, constancia, delicadeza, flexibilidad, sensibilidad a las personas y a las cosas... ese desarrollo equilibrado y armonioso de sus facultades activas es, por cierto, obra de la personalidad influyente de su Madre, la cual, a su vez, obraba siempre según la voluntad del Padre y por impulso del Espíritu Santo.

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