23 jul. 2010

Tema 11. Maternidad Virginal de María

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Tema 11. Maternidad Virginal de María


LA ELECCIÓN DE MARÍA

Para ser la Madre, del Salvador María fue dotada por Dios con dones a la medida de una misión  tan importante. El ángel Gabriel la saluda en la Anunciación como la "Llena de gracia". En efecto, para poder para dar el asentamiento libre del anuncio de su vocación, era preciso que ella estuviese totalmente poseída por la gracia de Dios, a la cual respondió entregándose al Señor.
María, la primera en creer en Jesucristo como Hijo de Dios y Salvador del mundo, por su entrega Confiada, alegre y total a la voluntad de Dios, se convierte en Madre de Jesús. Lo concibe en su corazón antes de concebirlo en su seno. Por eso, es a Ella que se aplican, en primer lugar las palabras de Jesús mi Madre y mis Hermanos son los que oyen el Mensaje de Dios y lo ponen en práctica (Le 8, 21).
María debe el prodigio de su maternidad mesiánica divina y virginal al Espíritu Santo, que le fue enviado en la Anunciación, como sobra protectora y fuerza divina creadora.

INMACULADA CONCEPCIÓN

A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tomado conciencia de que María "llena de gracia" por Dios había sido redimida desde su concepción. Es lo que confesamos como el dogma de la Inmaculada Concepción, proclamado por Pío IX en 1854: María fue liberada de todo pecado e inhabitada por la gracia desde el primer instante de su ser, por singular privilegio de Dios en atención a los méritos de Jesucristo, Salvador de todo el género humano. Se llama pecado original a aquella situación en que todos nacemos privados de la gracia de Dios, incapaces de amar y de relacionarnos adecuadamente con Dios, con los demás, con nosotros mismos y con la naturaleza. Es la herencia que recibimos de nuestra. solidaridad original con los primeros padres. En cambio, María nunca estuvo alejada de Dios, pues no convenía, que la futura Madre del Salvador estuviese sujeta al dominio del mal.

MARÍA SIMPLEMENTE VIRGEN

Los Evangelios nos indican que María era Virgen; al ángel le indica que no vive con varón, aunque ya estaba desposada, es decir, prometida formalmente a José. Sin concurso de varón concibe y da a luz.  No es ningún misterio que una joven dé a luz un hijo, pero sí lo es que una virgen lo haga.
Ante el mundo pagano, cuyos mitos hablan de dioses que raptan diosas y engendran hijos divinos mediante uniones sexuales libres, la virginidad de María es símbolo patente de la divinidad de su Hijo. Los primeros cristianos así lo entendieron y desde la Antigüedad la tradición llamó a María "Lo Virgen", Madre de Dios. Es lo que quiere indicarnos san Mateo en su Evangelio, citando al profeta Isaías (7, 14).

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta: "Lo Virgen" quedará encinta y tendrá un Hijo, aquél pondrán por nombre Emmanuel, que significa "Dios con nosotros" (Mt 1, 22-23).

REINA DEL CIELO Y LA TIERRA

En esta disposición del Padre, que la Encarnación redentora de su Hijo fuera precedida por la aceptación de María, podemos descubrir la pedagogía de Dios en nuestra salvación. Al contrario de Eva que, por su desobediencia e infidelidad fue la causa de nuestra perdición en Adán, ahora o ro mujer por su fe y su obediencia a la Palabra de Dios, hace posible la salvación de Jesucristo para toda la humanidad.

Dios envió a su Hijo, pero para formarle un cuerpo, quiso la libre cooperación de una criatura. Por eso, desde toda la eternidad, Dios preparó a su Madre, la llenó de dones y virtudes, como su concepción inmaculada, su estado de "llena de gracia", su perpetua virginidad, su divina maternidad, su asunción al Cielo en cuerpo y alma y, por fin su coronación por Dios como Reina del Cielo y de la Tierra. 

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